Escribo en una libreta cada uno de mis días, incluso aquellos que no merecen ser recordados. Guardo mis recuerdos tristes y felices. Guardo mis pensamientos dolorosos y motivadores. Guardo también mil detalles. La factura de un café de aquel día que fui feliz. Me esfuerzo para crear una libreta que sea perfecta para mí. Que tenga memoria para lo importante. Que siempre le quepa espacio para lo inesperado. Que olvide lo malo y lo haga distante al tachar algunas cosas. Y así, poder continuar escribiendo en hojas blancas los recuerdos nuevos que quedan por llegar.
Ya sentí miedo de ser vulnerable,
ya me desvistieron el alma y olvidé el miedo.
Ya lloré hasta quedarme dormida,
ya reí tanto que terminé llorando.
Ya soñé hasta confundir la realidad,
ya caí de golpe por andar soñando.
Ya me aferré a personas que no valían la pena,
ya me alejé de aquellas que verdaderamente valían.
Ya perdoné a quien no se disculpó,
ya me arrepentí por no pedir perdón.
Ya grité cuando debí callar,
ya callé cuando debí hablar.
Ya confié en personas que me decepcionaron,
ya decepcioné a personas que confiaron en mi.
Ya intenté descifrar quién soy,
ya ahuyenté a quienes pensaron poder hacerlo.
Ya me encontré perdida,
ya me perdí para encontrarme.
Ya tropecé pensando que no me levantaría,
...y ya me levanté pensando que no me volveré a caer.
Un amanecer sin prisa. Llorar de la risa.
Un te quiero inesperado. Ese abrazo tan ansiado.
Las buenas noticias. Sutiles caricias.
Un beso en la frente. Ojos sonrientes.
Las fotos antiguas. Las charlas continuas.
Un trago con viejos amigos. El reencuentro de varios caminos.
El olor a lluvia. Una buena cumbia.
Las eternas sobremesas. Las sorpresas.
Una videollamada sin planear. Aprender a amar.
Ver sonreír a los tuyos. Vivir sin orgullo.
Un brindis sin motivo. Un buen libro.
Experiencias vividas. Metas cumplidas.
Las tardes silenciosas. Apreciar las pequeñas cosas.
Un vinito en el bar. Y un café para llevar.
No digás “después” porque
después el café se enfría,
después se va el día,
después la gente envejece,
después el tiempo desaparece,
después el interés se pierde,
después cuándo recuerde,
hemos vivido ausente;
y uno después, se arrepiente.
He recibido más de lo que he dado.
He llorado menos de lo pensado.
He sido feliz inesperadamente.
Y decepcionada de repente.
He huido de estar protegida.
He encontrado almas perdidas.
He visto personas tristes reír.
Y seres queridos partir.
He escuchado silencios.
He gritado contra vientos.
He comprobado que la gente cambia con el tiempo.
Y que el tiempo no cambia, pero será siempre incierto.
¿Mujer, acaso no te han dicho que debes ser educada? Decí gracias y perdón, incluso cuando el recibidor no lo merezca. Decilo igual, porque acordate que tenés que ser educada. Portate como señorita. Sentate bien. No hablés así. No te enojés. ¿Dónde te dijeron que se ve bien una mujer que diga malas palabras? Tragatelas.
Si estás triste, sonreí. No importa si fingís tu sonrisa, nadie quiere una mujer amargada. Si estás enojada no lo demostrés, te vas a arrugar. Cuidá tu piel, tenés que estar impecable.
Te hablo a vos, la que al leer esto sacudió la cabeza con negación y frunció el ceño con frustración. A vos te hablo mujer, porque sabes bien tu valor y te felicito por ello.
Las mejores lecciones las aprendemos con errores y así te vas dando cuenta que está bien no ser una mujer perfecta.
Si caminaste el sol veinticinco veces o más,
tenés que saber que en cada vuelta...
Fuiste más audaz
porque no te detuviste jamás.
Fuiste más capaz
porque así llegaste hasta dónde estás.
Fuiste más sincera
porque dejaste que cada lagrima fluyera.
Fuiste una guerrera
porque derrotaste cualquier barrera.
Fuiste más valiente
porque solo miraste pal frente.
Fuiste más consciente
y lograste que cada minuto cuente.
Porque en cada vuelta
fuiste más inquieta,
pero completa.
Pues cada vuelta te enseñó a comprender
que todavía te falta más por aprender,
lugares por recorrer,
y almas por conocer.
Por esta, y por las que vengan.
Solo sabes con certeza una cosa en la vida: dónde has estado y lo que cada lugar te ha regalado.
Nuestros caminos se unen y luego se rompen, y solo podés esperar que te lleven de regreso a tus seres queridos, las personas que amás.
Y que lindo es llegar a entender, y sencillamente darse cuenta, que es ese mismo camino el que te brinda la felicidad más pura y sincera.
Que suerte la mía de tenerte.
Porque te convertiste en mi camino y mi refugio. Porque sos la persona que alumbra mi vida y alegra mi corazón. Porque cuando vos estás, yo estoy. Y aunque no me lo pidás, ahí voy a seguir. Porque quiero acompañarte en cada paso que des.
No importa cuánto tiempo pase y no importa lo que suceda en el intermedio, quiero siempre ser el camino a donde podás volver.
Con vos me di cuenta, que la vida pasa de largo y no espera a nadie. En un abrir y cerrar de ojos cambiamos de papel, y entonces era yo quien aprendía de vos.
Me enseñaste que un corazón puro y honesto si existe, que tus abrazos son la descripción perfecta de abrazar el cielo, y que una mirada como la tuya puede hacer milagros en el alma de quien la recibe.
Deseo que siempre te sintás con el poder de caminar hacia donde tu corazón te lleve, con entera libertad. Y perseguir sólo aquello que le dé vida a tu alma.
Que nunca se apague ese fuego que llevás dentro, ese talento nato, esa inteligencia envidiable, y esa capacidad de dar amor y brindar ayuda a quien lo necesita.
Porque iluminás con tan solo tu presencia.
Porque sos y siempre vas a ser mi pedacito de cielo en la tierra.
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Para vos mi enano, baks.
El mundo sería diferente si cada uno fuese capaz de hablar de lo que duele. Si tuviéramos ese poquito de coraje para aceptar el dolor y dejar caer libremente esa lagrima paralizada en el lagrimal. Pero la gente acostumbra ver sonrisas forzadas.
Sería diferente si no nos priváramos de hablar del dolor, porque ese dolor que callamos se estanca en el alma, y ahí se pudre y enferma. Hablando de lo que duele nos sanamos, lo dejamos ir y así logramos que nuestros problemas se normalicen.
Le quitaríamos importancia a absolutamente todo. Le quitaríamos protagonismo al dolor enfermizo. Seríamos hasta capaces de reírnos de nosotros mismos.
Y aprender que al final, todos somos la misma cosa.
Que nunca te falten las ganas de luchar. Que día a día crezcas un poco. Que nadie te quite el derecho de expresarte, que es casi un deber. Que te respeten. Que respeten tu pasión. Mostrale al mundo lo que sos capaz de hacer y hacelo con una sonrisa. La belleza está en tus ideas mujer.
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*En el día de la mujer Boliviana
Que el día más triste de tu futuro no sea peor que el día más feliz de tu pasado.
Que encontrés aunque sea un poquito de felicidad en cada decisión que tomés en la vida.
Que veás más allá de lo que estás pasando en este momento.
Que entendás que hay mil maneras de solucionar un problema o un desamor.
Que un corazón roto por una decepción insípida no quedará roto por siempre.
Y que sepas que nunca, nunca vas a estar sola.
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Para vos, rea.
Nadie tiene más convicción que ella, incluso cuando se equivoca. Su fortaleza es impenetrable.
Me crio con amor y dedicación. Me enseñó a ser una mujer fuerte. Sin embargo, cada que despierto en las mañanas pido al cielo que me permita ser un poquito más como ella.
Me enseñó que el camino no será fácil. Me dejó muy claro que me voy a tropezar más de una vez. Pero cada que tropiezo siempre es su mano la que me ayuda a ponerme de pie.
Pienso en los seres humanos. Pienso en la injusticia. Pienso en los que no tienen la libertad de pensar por su cuenta. Pienso en las maneras que pueda ayudar a quien necesita de mis pensamientos. Pienso que, si yo no pensara de esta manera, otro hubiera sido mi destino. Entonces, eso hace que piense que no pienso estar equivocada. Pienso que, si estaría haciendo algo distinto con mi vida, no pensaría de esta manera.
Yo ya te admiraba y me faltaban meses para nacer. Tuvo que haber sido un ángel de caridad que me brindó el milagro de ser hija de alguien tan extraordinario como vos. De lo contrario, cómo explicar tantísima suerte.
Te tengo en lo más arriba, cargo conmigo tu propio pedestal. Y sin duda te lo mereces. Mereces cada uno de tus logros, y más, mucho más. Construiste desde cero tu propio imperio, marcaste tu legado, y me dejaste ser una creación más.
Llevo tu apellido con orgullo y dignidad, porque vos lo has creado y fue lo primero que me regalaste.
No estoy segura si entendés lo que te digo, pero tus ojos me dicen claramente que sabés a ciencia cierta que tenés con vos siempre mi amor indescriptible, mi admiración y mi profundo respeto.
Siempre fuiste de pocas palabras, en especial conmigo. Me intimidaba mirarte fijamente. Me desafiaba tu sabiduría, tu pensar, y sobre todo tu silencio.
Hasta que entendí, que personas como vos son las que siempre estarán ahí. Que no necesitan hacer ruido para sentirlas. Que no necesitan hablar para dar apoyo y confianza.
Siempre te tuve muy arriba, pero nunca te lo dije. Tenía miedo de no estar a tu altura. Pero ahora sé que estoy donde estoy, y soy quien soy porque aspiraba ser un cuarto de lo que vos sos para mí. Y sigo en proceso, sigo avanzando, aunque sé muy bien que nunca te alcanzaría. Y prefiero que sea así, porque sos, siempre fuiste, y siempre vas a ser la luz que me guía.
Vos mejor que nadie me enseñaste que el camino se hace al andar. Que el miedo es muy pequeño cuando los pensamientos son más grandes. Porque en cada paso que doy y detrás de cada logro (por más insignificante que sea), siempre está el querer escucharte decir “bien, ahora vamos por más”.
Quiero abrazarte con mis palabras, ya que muy poco lo hago con mis brazos. Quiero encontrarte en mi vida, por mas distintos que sean nuestros caminos. Quiero mirarte a los ojos y que me sonrías con el alma. Quiero decirte en silencio pero que todos sepan, que hacen falta más personas como vos.
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Para vos, jmk.
Esa mujer fuerte, decidida a ser y buscar ser feliz. Esa mujer que da todo por brindar alegría sin importar dejar la de ella misma a un lado.
Esa mujer que tiene el mundo a sus pies. Esa mujer que con una sonrisa borra la amargura y con un ‘todo lo puedes’ quita cualquier miedo.
Esa mujer comprensiva, paciente, y cariñosa. Esa mujer admirable y simplemente perfecta sin siquiera darse cuenta de ello.
Esa mujer a la que llamamos “mamá”.
Fue largo el camino pero corto el tiempo que la vida me regaló con vos. Y aunque ya no recuerde tu voz y solo pueda ver tu sonrisa en fotos viejas, te siento tan presente como cuando me cargabas en brazos.
Ese tu “hola che” de todos los días se quedó grabado en mi alma como un tatuaje. Es increíble como un simple saludo se convirtió en la memoria más preciada que tengo.
Tanta gente se preocupa por ser “alguien” en la vida, para poder así ser recordados. Si tan solo supieran que lo que importa siempre será lo que transmiten con un saludo, un abrazo, o hasta una sonrisa. Así de sencillo.
Algún día volveré a verte, de eso estoy segura. Y seré yo quien te diga “hola che, tanto tiempo”.
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Dedicado a mi abuelo, Josef Knize.
Tanto que te quise decir. Tanto que deseaba abrazarte. Tantos momentos que faltaron compartir.
Duele entender que el tiempo corre y no espera a nadie. Duele tanto pensarte, entender que ya no estas, que no volveré a escuchar tu voz. Perderte fue y será siempre muy difícil de aceptar.
Lo que hubiese dado por verte más animada. Por verte sonreír una vez más, para saber que no estabas sufriendo. Como me hubiese gustado poder cambiar tu sentir, que tu respuesta cansada se convirtiera en una risa acogedora.
Esa sonrisa piadosa que con ternura aliviaba cualquier angustia. Siempre fuiste una luz en mi vida, la que brillaba con más fuerzas. Pero ahora solo me queda disfrutar de lo hermoso que es volver a verte en cada amanecer.
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Dedicado a mi abuela, Nelly Nogales.
Me tomó tiempo pero, a pesar de los años y a pesar de los daños, hoy entiendo un poco más cuando dicen que “uno es autor de su propio destino”.
Mucha gente se pasa la vida buscando ser feliz, hasta que llegan al punto donde por fin comprenden que la felicidad está basada en encontrarse a uno mismo.
Tomate todo el tiempo que necesités. Nadie te apura, (y para ser más cruda) realmente a nadie le importa. Todos están igual de enfocados en llegar a ese punto también. Todos están igual de perdidos.
Y vas a pasar por mucho. Quizás por más momentos malos que buenos. Pero todo lo que pasa en ese intermedio es exactamente lo que te va a ayudar a encontrarte. Ahora entendés?
Todo es cuestión de decisiones. Imaginá la vida como una montaña rusa en donde podás controlar su intensidad. Vos vas a hacer que tengás las bajadas que querrás y las subidas que querrás y cuan alto y bajo van a ser, y si lo hacés con libertad, pero respetando lo que sentís, va a ser perfecta. Acordate siempre que estás bien. Está dentro tuyo el poder para ser feliz.
Tengo ganas de decirte algo y espero que te dé fuerza y energía. Sos una de las personas más hermosas, buenas y puras que conozco, con tu sonrisa inspirás y das vida a los que la necesitan.
Querés sentir odio? Sentilo. Querés llorar? Llorá. Está totalmente bien no estar bien. Es parte del proceso. Es más, disfrutá el proceso. En especial, los momentos malos porque siempre habrá para donde subir. Esos momentos de dolor son lo que te hacen crecer.
Agradecé, por todo y por nada.
Agradecelo todo.
Agradecé por estar, por ser, por tener.
Por ganar y perder, por ir y venir.
Por intentar, soñar, errar y aprender.
Por conocer, sentir, vivir y amar.
Si agradecés,
tus ojos verán nuevos colores.
Porque para agradecer,
no hace falta esperar que se acaben los problemas.
Es sinónimo de entender
cómo todo lo bueno y malo,
con cada tropiezo y triunfo de por medio,
han formado el camino
de quiénes somos ahora.
La gratitud es humildad.